domingo, 31 de enero de 2010

mort à jamais?

Mort à jamais? C’était possible.

Il y a beaucoup de hasard en tout ceci, et un second hasard, celui de notre mort, souvent ne nous permet pas d’attendre longtemps les faveurs du premier.

Je trouve très raisonnable la croyance celtique que les âmes de ceux que nous avons perdus son captives dans quelque être inferieur, dans une bête, un végétal, une chose inanimée, perdues en effet pour nous jusqu’au jour, qui pour beaucoup ne vient jamais, où nous nous trouvons passer près de l’arbre, entrer en possession de l’objet qui est leur prison. Alors elles tressaillent, nous appellent, et sitôt que nous les avons reconnues, l’enchantement est brisé. Délivrées par nous, elles ont vaincu la mort et reviennent vivre avec nous.

Il en est ainsi de notre passé. C’est peine perdue que nous cherchions à l’évoquer, tous les efforts de notre intelligence sont inutiles. Il est caché hors de son domaine et de sa portée, en quelque objet matériel (en la sensation que nous donnerait cet objet matériel), que nous ne soupçonnons pas. Cet objet, il dépend du hasard que nous le rencontrions avant de mourir, ou que nous ne le rencontrions pas.

Du côté de chez Swann.

Proust.

jueves, 7 de enero de 2010

De poetas y aviadores

La historia que me dispongo a contar es algo triste y, la verdad, no sé por qué voy a contarla ahora y no, por decir algo, dentro de un mes o dentro de un año, o nunca. Supongo que lo hago por nostalgia de mi amigo el poeta portugués Ivo Machado, que es uno de los dos protagonistas, o tal vez porque acabo de comprar una pequeña avioneta de metal que ahora tengo en mi escritorio. Disculpen el tono personal. Esta historia será excesivamente personal.

El protagonista número Uno es, como ya dije, el poeta Ivo Machado, nacido en las islas Azores, pero lo que nos importa es que en su identidad civil, la de todos los días, es controlador aéreo, una de esas personas que están en las torres de control de los aeropuertos y guían a los aviones a través de las rutas del cielo.

La historia es la siguiente: cuando Ivo era un joven de 25 años (a mediados de los ochenta) controlaba vuelos en el aeropuerto de la isla de Santa María, la más grande del archipiélago de las Azores, en mitad del Atlántico, equidistante de Europa y América del Norte.

Una noche, al llegar a su trabajo, el jefe le dijo:

-Hoy dirigirás un solo avión.

Ivo se extrañó, pues lo normal era llevar una docena de aeronaves. Entonces el jefe le explicó:

-Es un caso especial, un piloto inglés que lleva un bombardero británico de la Segunda Guerra Mundial hacia Florida para un coleccionista de aviones que lo compró en una subasta en Londres. Hizo escala aquí y continuó hacia Canadá, pues tiene poca autonomía, pero lo sorprendió una tormenta, debió volar en zigzag y ahora le queda poca gasolina. No le alcanza para llegar a Canadá y tampoco para regresar. Caerá al mar.

Al decir esto le pasó los audífonos a Ivo.

-Debes tranquilizarlo, está muy nervioso. Dile que un destacamento de socorristas canadienses ya partió en lanchas y helicópteros hacia el lugar estimado de caída.

Ivo se puso los audífonos y empezó a hablar con el piloto, que en verdad estaba muy nervioso. Lo primero que éste quiso saber fue la temperatura del agua y si había tiburones, pero Ivo lo tranquilizó al respecto. No había. Luego empezaron a hablar en tono personal, algo infrecuente entre una torre de control y un aviador. El inglés le preguntó a Ivo qué hacía en la vida, le pidió que le hablara de sus gustos y de sus sentimientos. Ivo dijo que era poeta y el inglés pidió que recitara algo de memoria. Por suerte mi amigo recordaba algunos poemas de Walt Whitman y de Coleridge y de Emily Dickinson. Se los dijo y así pasaron un buen rato, comentando los sonetos de la vida y de la muerte y algunos pasajes de la Balada del viejo marinero, que Ivo recordaba, donde también un hombre batallaba contra la furia del mundo.

Pasó el tiempo y el aviador, ya más tranquilo, le pidió que recitara los suyos propios, y entonces Ivo, haciendo un esfuerzo, tradujo sus poemas al inglés para decírselos sólo a él, un piloto que luchaba en un viejo bombardero contra una violenta tempestad, en medio de la noche y sobre el océano, la imagen más nítida y aterradora de la soledad. "Noto una tristeza profunda, un cierto descreimiento", le dijo el aviador, y hablaron de la vida y de los sueños y de la fragilidad de las cosas, y por supuesto del futuro, que no será de la poesía, hasta que llegó el temido momento en que la aguja de la gasolina sobrepasó el rojo y el bombardero cayó al mar.

Cuando esto sucedió el jefe de la torre de control le dijo a Ivo que se marchara a su casa. Después de una experiencia tan dura no era bueno que dirigiera a otras aeronaves.

Al día siguiente mi amigo supo el desenlace. Los socorristas encontraron el avión intacto, flotando sobre el oleaje, pero el piloto había muerto. Al chocar contra el agua una parte de la cabina se desprendió y lo golpeó en la nuca. "Ese hombre murió tranquilo", me dice hoy Ivo, "y es por eso que sigo escribiendo poesía". Meses después la IATA investigó el accidente e Ivo debió escuchar, ante un jurado, la grabación de su charla con el piloto. Lo felicitaron. Fue la única vez en la historia de la aviación en que las frecuencias de una torre de control estuvieron saturadas de versos. El hecho causó buena impresión y poco después Ivo fue trasladado al aeropuerto de Porto.

"Aún sueño con su voz", me dice Ivo, y yo lo comprendo, y pienso que siempre se debería escribir de ese modo: como si todas nuestras palabras fueran para un piloto que lucha solo, en medio de la noche, contra una violenta tempestad. -

"y Perder es cuestión de método" (Mondadori).

Santiago Gamboa (3/05/2008)

miércoles, 30 de diciembre de 2009

-escucha este trozo. es fantástico.

# and you can use my skin, to bury secrets in #

- no te gusta? no te gusta? no te emociona? no te gusta? pues llévate el cd a casa, escúchalo otra vez. y otra si hiciese falta. tiene que gustarte. y cuando todo esto se acabe, cuando me odies con todas tus fuerzas y luego ya no me odies tanto, cuando haya cicatrizado lo nuestro, escucharás este disco y será lo que te quede de este período.


















- y si no, es que ambos estábamos completamente equivocados desde el principio.


(i know)

martes, 22 de diciembre de 2009

onte soñei que nevabas. erguinme igual que hai dous días e mirei a través da fiestra, pero desta vez baixei ó xardín a sentir as folerpas de neve caer enriba miña. soaba epilepsy is dancing e daba voltas cos brazos abertos cando de súpeto comezaches a nevar ti.

primeiro percibín un olor que axiña identifiquei co arrecendo da túa pel (¿quen son eu para esquecer algo así?), logo ouvín ó lonxe á túa voz, aínda feble. as folerpas caían e caían e á túa presenza facíase cada vez máis tanxible. pechei os ollos e puiden sentir as túas mans nos meus ombros, a túa voz moito máis preto e, por último, sentín os teus beizos nos meus. entón abrín os ollos e diante miña estabas ti, espida. eu atopábame espido tamén.

ignoramos o frío e bailamos e dimos voltas, xuntos, e abrazámonos e sentímonos e bicámonos mentres a neve seguía a caer nos nosos corpos nús. logo quedaches queda, e mirándome fixamente dixeches: “sempre cumpro o que prometo, aínda que para iso teña que invocar a zeus e apolo e convertirme en neve”. eu só puiden sorrir e chorar ó mesmo tempo e continuamos bailando. nevaba e bailabamos. bailabamos e nevaba. ó final nevou tanto que ata o home das neves baixou do seu refuxio do himalaia e viño bailar connosco.

martes, 8 de diciembre de 2009

La víctima.

Todo lo que tú has roto, lo rompieron mis manos.
Yo invento tus mentiras y afilo tu puñal
para obligarte a herirme.
Tu sangre nos azota con su látigo rojo;
tu vida es un desierto que fue un río:
Hay hombres – dice Keats- que se detienen
Igual que una criatura que una vez tuvo alas.

Esa es tu verdad.

Tus odios no son más que el eco de mis odios.
Cada golpe que das
te defiende de un golpe que yo te habría dado.
Tu mundo es norte y sur, Dios o el infierno,
y en tu azotea hay ángeles que detienen la noche
y en mi sótano hay lobos que mastican la aurora.

Es fácil de entender.

Yo pongo tachaduras en los papeles blancos
donde ibas a escribir los versos que no escribes.
Yo conduzco a las sombres lo que miro
y si tú abres los ojos
la oscuridad se llena de flores submarinas.

Es sólo el bien o el mal,
la luz o las tinieblas
mi voz manchada o tu silencio limpio.
Yo no tengo piedad y soy injusto.
Tú eres el juez que llora
sobre las tumbas de sus condenados.

Quién se atreve a dudar.
Yo soy el muerto y soy el asesino.
Tú siempre matas en defensa propia.


Benjamín Prado
(Sacado de Marea Humana)

viernes, 30 de octubre de 2009

Et si j’avais eu une hallucination?

“Et si j’avais eu une hallucination?” me demandais-je soudain. Debout sur le trottoir, je restais immobile un long moment, à regarder tomber la pluie. J’étais redevenu un petit garçon de douze ans. Enfant, j’aimais bien regarder tomber la pluie sans rien faire. Mon corps se décontractait alors peu à peu, il me semblait que le monde de la réalité se diluait sous les gouttes. Il devait y avoir dans la pluie une force particulière qui hypnotisait les gens. C’est du moins ce que je croyais à l’époque.

Mais je n’avais pas rêvé: quand je retournai au bar, je trouvai sur la comptoir, devant le siège où Shimamoto-san était assise un instant plus tôt, un verre vide et un cendrier contenant plusieurs mégots encore frais, avec des traces de rouge à lèvres. Je m’assis sur le tabouret voisin, fermai les yeux. L’écho des notes de musique s’éloigna peu à peu, je demeurai seul. Dans les douces ténèbres où j’étais, la pluie tombait sans discontinuer.


Au sud de la frontière, à l’ouest du soleil.

Haruki Murakami.

miércoles, 28 de octubre de 2009

nunca es exactamente

bueno, dije yo. ¿qué te parece? lo que me parece, respondió lentamente, es que si abro los ojos ahora, a lo mejor no estás ahí.

sí, repuse, entiendo lo que quieres decir. por otro lado, si no los abres, nunca sabrás si estoy aquí o no, ¿verdad?.

me parece que no tengo valor suficiente.

pues claro que lo tienes. además, te olvidas de que tengo las manos metidas en la bañera. te estoy tocando la espina dorsal y la rabadilla. si no estuviera aquí, no podría hacer eso, ¿o sí?

todo es posible. Podrías ser otra persona, alguien que pretende ser david. Un impostor.

¿y qué estaría haciendo un impostor contigo en este cuarto de baño?

llenarme la cabeza con fantasías perversas, hacerme creer que puedo tener lo que deseo. no es frecuente que alguien diga exactamente lo que quieres oír. a lo mejor he sido yo quien ha dicho esas palabras.

puede. o quizá es que alguien las ha dicho porque lo que quiere es lo mismo que tú quieres.

pero no exactamente. nunca es exactamente, ¿verdad? ¿cómo puede ese alguien decir exactamente las mismas palabras que yo había pensado?


El libro de las ilusiones. Paul Auster.